Por Ernesto Franchino
Durante
casi dos semanas enteras, tuve la oportunidad de ver TODOS los programas
del ramo pesca y/o afines que se emiten por Magazine (y algunos pocos en
otros canales), debido a una inactividad forzada y prolongada proveniente
de una gastroenteritis que me obligó a permanecer en reposo absoluto.
Detallo y va el cuento:
DIA HORA PROGRAMA CATEGORIA Lunes siete
ocho Puerto Pesca
El Escape del Cabure ESTRENO
REPETICION Martes siete
ocho El Escape del Cabure
Fin de Semana ESTRENO
REPETICION Miércoles siete
ocho Fin de Semana
PescaVision ESTRENO
REPETICION Jueves siete
ocho PescaVision
El Apostadero ESTRENO
REPETICION Viernes siete
ocho El Apostadero
Puerto Pesca ESTRENO
REPETICION
Ese es mi más
preciado recuerdo de pesca. Mi
viejo era cazador, no pescador,
así que mi tío Roberto
fue mi ídolo hasta que
aparecieron, de la nada, estas
personas con artes de pesca raros
y despreciados.
Ahora
bien: Hoy, año 2007, tirado
en la cama de mi departamento
con la salud deteriorada y medio
dormido, estaba viendo uno de
los programas del ramo publicitando
el producto. En eso mi mente,
en un acto atemporal y maravilloso,
me sacudió trasladándome
(a las 7:20 de la mañana)
de la cama de mi habitación
a la laguna junto a tío
Roberto y a esos "locos"
con pescaditos de madera. O bendita
TV. Un poco de alegría
para mi salud atormentada. Un
halo de luz celestial empezó
a envolver mi aparato de televisión
y de pronto, el ruido del agua
sonó, mágico, a
través de un señuelo
de superficie. Blop, Blop, Blop....
Oh dadivoso Señor, la alegría
era infinita. La pantalla de mi
TV parecía de 90 pulgadas
y el audio me envolvía
como en un sueño de un
millón de dólares.
De pronto las imágenes,
un mapa de América del
Sur sobre el que decían:
"La tararira habita desde
la frontera norte de Costa Rica
hasta el río Colorado en
el límite nor patagónico..."
RING... BRR... TRR...
¡Alguien puso el despertador!
. .
NOOOO. Apaguen esa
porquería....! Quiero
volver a dormirme para seguir
soñando. Un sudor frío
comenzó a cubrir mi cuerpo
enfermo y las palpitaciones empezaron
a sofocarme. Mi señora,
alertada por mis convulsiones
que casi la tiran de la cama,
trataba de calmarme. IM-PO-SI-BLE.
Alguien había dicho, en
la "sagrada pantalla",
que el hábitat de MIS
tarariras llegaba hasta el río
Colorado. Nuestro río Colorado.
No otro río Colorado en
Ecuador, Perú, Uruguay
o Paraguay. Nuestro patagónico
río Colorado.
Los
retorcijones de estómago
se hicieron más fuertes.
mi cerebro confundido comenzó
a buscar en la historia (remontándome
hasta el Paleozoico) algún
referente de pesca de tarariras
en el río Colorado. Pero
no, nada. No logré visualizar
ni una sola cueva con pinturas
de tarariras. Solo manos y mamuts.
Entonces, en un ataque de genialidad,
decidí trasladarme hacia
el futuro. Avancé doscientos
años, caña en mano,
para enfrentarme con el calentamiento
global y las tarariras del río
Colorado. Pero tampoco. No tuve
suerte. Cero tarariras en el Colorado.....
Entre paños fríos
y un pote de gelatina de naranja
para hidratarme, alcancé
a ver que la TV ya no era más
de 90 pulgadas y que la luz que
la cubría no era un halo
mágico, sino que provenía
del sol que entraba por entre
los postigones cerrados. Pero
no todo era desesperanza. Entre
atragantamientos e imágenes
de juncales, fui despejando mi
mente hacia la virtud que existe:
La del pescador deportivo, y seguí
prestando atención a la
instructiva TV, que iba a mostrarme
como aprender a pescar, nada más
ni nada menos que la misma especie
por la que yo, un niño
de 7 añitos, había
cambiado mi visión de la
pesca, a través de un pescadito
de madera, antes que llegara el
año 1960.
Por eso de la edad
es que hoy he logrado adquirir,
y guardar, algo de paciencia (no
mucha, por eso la uso solo cuando
pesco) y gracias a esa paciencia
de pescador es que logré
enfocarme de nuevo en la TV al
pie de la cama, destino obligado
de mi reposo absoluto, que ya
era solo de 25´´.
Pero las imágenes, junto
al sonido del agua y de los piques,
seguían valiendo un millón
de dólares. La pesca ahora
transcurría en la pantalla
desde un flotador, o "belly
boat", siempre en la modalidad
"spinning", en una típica
laguna pampásica (deduje
que era El Cisne, en Castelli),
y los piques y las pifiadas se
sucedían unos tras otros
para beneplácito del pescador
y mío, que estaba mirando
la escena. De pronto, nuevamente
se hizo la luz, el pescador cambiaba
de señuelo tras una explicación
cualquiera y seguía pescando.
Oh Elfos de la pesca que
comparten con nosotros la provisión
del alimento. Oh Espíritus
del clima que hacen que podamos
acceder a nuestros pesqueros favoritos
sin embarrarnos, Oh Gnomos
de las carnadas que hacen parecer
tentadores nuestros artificiales
en el agua, esos artificiales
que.... "Donde hay vegetación
sumergida hay que usar señuelos
de superficie y donde no hay vegetación
sumergida debemos usar señuelos
de fondo..."
AAAGGGHHH !!!!!!
Llegó el Apocalypsis. Parecía que los 6 pisos de arriba de mi departamento se me venían encima uno por uno, con un sarcástico zumbido imitando una cuchara giratoria con medio dentudo clavado en el triple (y con una hélice de chapa galvanizada que nunca supe para que sirve). Ante esa frase las convulsiones volvieron a destrozar mis pocas neuronas despiertas, en un franco intento de suicidio, para no tener que soportar nada que lastimara aún más mis sentimientos arraigados a mis orígenes. Las palabras laceraban mi corazón pescador, y mi memoria infantil recordaba los pescaditos de madera pintada, pero que ahora salían del agua de aquella laguna convertidos en gigantescos monstruos que me clavaban sus triples en los oídos y en los ojos para que no pudiera ver ni oír nada más. Y así fue: Ni vi ni oí más nada, hasta que desperté junto a un médico que, alertado por mi mujer, se acercó hasta mi casa (ni quise preguntarle si pescaba). Abrí los ojos con temor que me comieran las imágenes, pero con una enorme tranquilidad vi que en la pantalla de la televisión estaban dando El Escape del Caburé. Un programa de "fierros" más que de pesca, pero de outdoor al fin, y hasta con imágenes de un tipo que dicen se parece a mi, y que de vez en cuando se lo ve en la pantalla pescando tarariras por alguna laguna perdida de la provincia de Buenos Aires. Justo tarariras, las del DVD.
Mientras
duró el programa, mi mujer,
una santa, me tomaba de la mano,
ya que ante cualquier referencia
a la pesca en cuestión,
mi cuerpo empezaba a sacudirse,
para terminar boqueando en un
claro intento autodestructivo.
Pero no. El Escape no había
permitido que su dignidad entre
en el juego. Edu, me había
salvado! Ya podía descansar
tranquilo..... Pero todavía
tenía que defenderme de
los popes de la TV, de los monstruos
de todos los tiempos y de aquellos
nacidos a la sombra de éstos
que no reparan en nada a la hora
de destruir los sentimientos de
los pescadores. Pero El Escape
me apartó de aquellos,
que por ahorrar unos pesos en
producción, editan cualquier
imagen destrozando los recuerdos
infantiles de otras épocas,
en las que uno creía. El
resto del DVD se lo dejo a ustedes
por lo que el médico me
recetó: "No consuma
nada que no sea sano".
Quien esté libre de toda culpa que arroje el primer señuelo. Perdón señor.... usted... el de la gorrita color café, sí, usted...... el del streamer en el piluso...... De esa marca no por favor. De esa... si, esa. Gracias..... Al final capaz que mi tío Roberto tenía razón cuando dijo: "Eso no es pesca".
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DEVOLVAMOS
A LAS TARARIRAS QUE NO TIENEN
LA CULPA
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