LA IDENTIDAD DE LA PESCA




Durante casi dos semanas enteras, tuve la oportunidad de ver TODOS los programas del ramo pesca y/o afines que se emiten por Magazine (y algunos pocos en otros canales), debido a una inactividad forzada y prolongada proveniente de una gastroenteritis que me obligó a permanecer en reposo absoluto. Detallo y va el cuento:




DIA
HORA
PROGRAMA FEB ´07
CATEGORIA
Lunes
siete
ocho
Puerto Pesca
El Escape del Cabure
ESTRENO
REPETICION
Martes
siete
ocho
El Escape del Cabure
Fin de Semana
ESTRENO
REPETICION
Miércoles
siete
ocho
Fin de Semana
PescaVision
ESTRENO
REPETICION
Jueves
siete
ocho
PescaVision
El Apostadero
ESTRENO
REPETICION
Viernes
siete
ocho
El Apostadero
Puerto Pesca
ESTRENO
REPETICION

 


D
ebido a la intensa publicidad en los medios de un DVD de pesca relacionado con tarariras, es que me puse a observar en detalle el producto en cuestión, considerando que el protagonista es un viejo y querido hombre del ambiente, casi una leyenda. Les cuento: Hace ya largos 47 años, un domingo mi tío Roberto me llevó a una famosa laguna de la provincia de Buenos Aires para tratar de "pinchar" algunas taruchas. Llegamos y nos pusimos a armar los equipos. Mientras acomodaba los enchufes cromados de mi tacuara de 2 tramos, y buscaba entre mis cosas mi Peters lagunero rotativo cargado con "sedal" del 0.50, fue cuando por un instante levanté la vista y ahí estaban. Había dos "locos" que armaban unas cañas cortas y finitas sin líneas y sin carnada. Esa gente deliraba. Me quedé mirando hasta que terminaron, y continué mirando mientras comenzaron a caminar y después a pescar. Tiraban al agua lo que parecía un pescadito de madera pintada, lo dejaban flotando un par de segundos, lo recogían y repetían la operación una vez tras otra. Todo bien hasta que uno tuvo pique. ¡Guau! Mi corta vida como pescador había cambiado. Era como si un alienígena estuviera pescando con rayos láser. Corrí a contarle a mi tío (quien desde su tradicionalidad me dijo: "Eso no es pesca") y volví para seguir mirando. Y seguí mirando. Ni siquiera pesqué. Ahora se les había agregado otro pescador más, un hombre algo mayor, de gorra verde oscura, si mal no recuerdo. Pero yo seguía con la vista en los pescaditos de madera hasta que nos preparamos para volver a casa. El lunes cuando salí del colegio, lo primero que hice fue ir corriendo a la armería Casale, en la calle Boedo de Lomas de Zamora, que todavía existe, donde el gordo me mostró una cantidad de señuelos con los que podía pescar. Mi vida había cambiado. Tenía siete años y ya tenía mi primer señuelo. Ya era pescador. Y todo eso sin siquiera haber pescado. Todo un tarado. Y encima cuando llegué a casa tuve que sacarme el triple del dedo con una pinza, porque a la vuelta le mostré a todo el mundo mi gran tesoro y su efectividad, hasta que me lo ensarté en la yema del dedo pulgar de mi mano derecha. Y que no me viera la vieja.....




E
se es uno de mis más preciado recuerdos de pesca. Mi viejo era cazador, así que mi tío Roberto fue mi ídolo hasta que aparecieron, de la nada, esas personas con artes de pesca raros y despreciados.





Ahora bien: Hoy, año 2007, tirado en la cama de mi departamento con la salud deteriorada y medio dormido, estaba viendo uno de los programas del ramo publicitando el producto. En eso mi mente, en un acto atemporal y maravilloso, me sacudió trasladándome (a las 7:20 de la mañana) de la cama de mi habitación a la laguna junto a tío Roberto y a esos "locos" con pescaditos de madera. O bendita TV. Un poco de alegría para mi salud atormentada. Un halo de luz celestial empezó a envolver mi aparato de televisión y de pronto, el ruido del agua sonó, mágico, a través de un señuelo de superficie. Blop, Blop, Blop.... Oh dadivoso Señor, la alegría era infinita. La pantalla de mi TV parecía de 90 pulgadas y el audio me envolvía como en un sueño de un millón de dólares. De pronto las imágenes, un mapa de América del Sur sobre el que decían: "La tararira habita desde la frontera norte de Costa Rica hasta el río Colorado en el límite nor patagónico..." RING... ¡Alguien puso el despertador! . NOOOO. Apaguen esa porquería. Quiero volver a dormirme para seguir soñando. Un sudor frío comenzó a cubrir mi cuerpo enfermo y las palpitaciones empezaron a sofocarme. Mi señora, alertada por mis convulsiones que casi la tiran de la cama, quería calmarme. IM-PO-SI-BLE. Alguien había dicho, en la "sagrada pantalla", que el hábitat de MIS tarariras llegaba hasta el río Colorado. Nuestro río Colorado. No un río Colorado en Ecuador, Perú, Uruguay o Paraguay. Nuestro norpatagónico río Colorado.


 


Los retorcijones de estómago se hicieron más fuertes. mi cerebro confundido comenzó a buscar en la historia (remontándome hasta el Paleozoico) algún referente de pesca de tarariras en el río Colorado. Pero no, nada. No logré visualizar ni una sola cueva con pinturas de tarariras. Solo manos y mamuts. Entonces, en un ataque de genialidad, decidí trasladarme hacia el futuro. Avancé doscientos años, caña en mano, para enfrentarme con el calentamiento global y las tarariras del río Colorado. Pero tampoco. No tuve suerte. Cero tarariras en el Colorado..... Entre paños fríos y un pote de gelatina de naranja para hidratarme, alcancé a ver que la TV ya no era más de 90 pulgadas y que la luz que la cubría no era un halo mágico, sino que provenía del sol que entraba por entre los postigones entre cerrados. Pero no todo era desesperanza. Entre atragantamientos e imágenes de juncales, fui despejando mi mente hacia la virtud que existe: La del pescador deportivo, y seguí prestando atención a la instructiva TV, que iba a mostrarme como aprender a pescar, nada más ni nada menos que la misma especie por la que yo, un niño de 7 añitos, había cambiado mi visión de la pesca, a través de un pescadito de madera, antes que llegara el año 1960.





P
or eso de la edad es que hoy he logrado adquirir, y guardar, algo de paciencia (no mucha, por eso la uso solo cuando pesco) y gracias a esa paciencia de pescador es que logré enfocarme de nuevo en la TV al pie de la cama, destino obligado de mi reposo absoluto, que ya era solo de 25´´. Pero las imágenes, junto al sonido del agua y de los piques, seguían valiendo un millón de dólares. La pesca ahora transcurría en la pantalla desde un flotador, o "belly boat", siempre en la modalidad "spinning", en una típica laguna pampásica (deduje que era El Cisne, en Castelli), y los piques y las pifiadas se sucedían unos tras otros para beneplácito del pescador y mío, que estaba mirando la escena. De pronto, nuevamente se hizo la luz, el pescador cambiaba de señuelo tras una explicación cualquiera y seguía pescando. Oh Elfos de la pesca que comparten con nosotros la provisión del alimento. Oh Espíritus del clima que hacen que podamos acceder a nuestros pesqueros favoritos sin embarrarnos, Oh Gnomos de las carnadas que hacen parecer tentadores nuestros artificiales en el agua, esos artificiales que.... "Donde hay vegetación sumergida hay que usar señuelos de superficie y donde no hay vegetación sumergida debemos usar señuelos de fondo..."


  AAAGGGHHH

Llegó el Apocalypsis. Parecía que los 6 pisos de arriba de mi departamento se me venían encima uno por uno, con un sarcástico zumbido imitando una cuchara giratoria con medio dentudo clavado en el triple (y con una hélice de chapa galvanizada que nunca supe para que sirve). Ante esa frase las convulsiones volvieron a destrozar mis pocas neuronas despiertas, en un franco intento de suicidio, para no tener que soportar nada que lastimara aún más mis sentimientos arraigados a mis orígenes. Las palabras laceraban mi corazón pescador, y mi memoria infantil recordaba los pescaditos de madera pintada, pero que ahora salían del agua de aquella laguna convertidos en gigantescos monstruos que me clavaban sus triples en los oídos y en los ojos para que no pudiera ver ni oír nada más. Y así fue: Ni vi ni oí más nada, hasta que desperté junto a un médico que, alertado por mi mujer, se acercó hasta mi casa (ni quise preguntarle si pescaba). Abrí los ojos con temor que me comieran las imágenes, pero con una enorme tranquilidad vi que en la pantalla de la televisión estaban dando El Escape del Caburé. Un programa de "fierros" más que de pesca, pero de outdoor al fin, y hasta con imágenes de un tipo que dicen se parece a mi, y que de vez en cuando se lo ve en la pantalla pescando tarariras por alguna laguna perdida de la provincia de Buenos Aires. Justo tarariras, las del DVD.

 



Mientras duró el programa, mi mujer, una santa, me tomaba de la mano, ya que ante cualquier referencia a la pesca en cuestión, mi cuerpo empezaba a sacudirse, para terminar boqueando en un claro intento autodestructivo. Pero no. El Escape no había permitido que su dignidad entre en el juego. Edu, me había salvado! Ya podía descansar tranquilo..... Pero todavía tenía que defenderme de los popes de la TV, de los monstruos de todos los tiempos y de aquellos nacidos a la sombra de éstos que no reparan en nada a la hora de destruir los sentimientos de los pescadores. Pero El Escape me apartó de aquellos, que por ahorrar unos pesos en producción, editan cualquier imagen destrozando los recuerdos infantiles de otras épocas, en las que uno creía. El resto del DVD se lo dejo a ustedes por lo que el médico me recetó: "No consuma nada que no sea sano".










Q
uien esté libre de toda culpa que arroje el primer señuelo.
"Perdón señor.... usted... el de la gorrita color café, sí, usted...... el del streamer en el piluso......
De esa marca no por favor. No importa que sea bueno y pesque. De esa sí, gracias.
Al final capaz que mi tío Roberto tenía razón cuando dijo: "Eso no es pesca".