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DETALLE
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El
mareo es la desagradable sensación
subjetiva de inestabilidad o desequilibrio,
asociado casi siempre con náuseas
e impresión de incapacidad
física, sensación
reconocida por aquellos que en
un momento u otro la hemos padecido,
ya sea en grandes barcos como
en pequeños botes, durante
algunas salidas de pesca. Se conocen
dos tipos de mareo: El que nos
ocupa, el fisiológico,
y el patológico que es
el vértigo. Sólo
me referiré al fisiológico.
El órgano responsable de
la coordinación espacial
del cuerpo es el oído,
más específicamente
el "caracol". Este sistema
proporciona información
relacionada con la orientación
por la existencia de partículas
en suspensión en el líquido
de los otolitos. La información
recogida por este sistema se integra
con el visual a través
del sistema nervioso central,
y éste informa sobre la
vertical del cuerpo en relación
a las estructuras que están
a la vista. Por lo tanto los puntos
de anomalía pueden ser
varios a saber: Vestibular, visual,
integración de ambos, etc.,
que pueden provocarnos el mareo.
¿Qué
nos pasa a bordo?
Todo lo bueno de una salida de pesca de
embarcados se convierte en temible malestar para algunos humanos propensos
a sufrir mareos y no se sabe desde cuando y por que esta característica
se considera prueba de debilidad física "¿Cómo
te vas a marear?" El mareo tiene etapas claras para la persona
acostumbrada a navegar, a saber: La primera la marca la seriedad en
la cara del mareado a medida que las olas balancean el bote, casi siempre
después de fondeado. Se puede notar cuando uno le habla que pone
como una exagerada atención a lo que el otro le dice. Lo que
pasa es que el afectado está concentrado en lo que le está
pasando, sobre todo en dos puntos: Su estómago y el horizonte
que sube y baja junto con la borda. La primera pregunta que se hace
el afectado, como buscando refugio interno a su propia descompensación
es ¿No me iré a marear? Ya
que estoy voy a acomodar la caja con las cosas y a cortar un poco de
carnada. Lo peor que puede hacer.
La
cosa pasa más o menos así: El cerebro está captando
un movimiento del piso (el del bote) y la vista está posada en
un objeto fijo (la tabla de corte). En ese exacto momento el cerebro
se tara. Me muevo pero lo que ven mis ojos está quieto. Es entonces
cuando viene la descompostura. Y el bote se sigue moviendo pero ya con
la cabeza del mareado acomodada fuera de la borda, por las dudas. Y
después vienen las recriminaciones: ¿Qué tengo
que estar haciendo yo aca? ¿Por qué no me quedé
haciendo el asado en casa? Me hubiese ido a La Brava y estaría
bárbaro. Es entonces cuando el mareado levanta la vista como
para increpar al cielo por su mala decisión y es en ese momento
que le pasa algo extraño. Siente como un alivio. ¿Pero
por qué? Porque es entonces que el cerebro recupera su cordura
espacial. El piso se mueve y el horizonte también. Ahí
es cuando recuperamos la razón perdida.
Pero la cosa a bordo es seria y la fuerza del mar va de 0
a 10 y es ahí cuando el hombre confiesa estar mareado (algo,
no del todo) y es cuando algún experimentado o conocedor del
tema le dice: "Acostate boca arriba, mirá el cielo y dejá
que las bolitas del oído interno se acomoden" (las partículas
en suspensión en el líquido de los otolitos). Para el
acostado es como una clase de otorrinolaringología, pero parece
que funciona. Esta es la etapa en la que la mayoría de los mareados
se queda, aunque algunos terminan dados vuelta con sufrimientos atroces
y descomposturas en las que les parece se van a morir. Pero nunca nadie
se nos fue por un mareo.
Están
los otros, los que desesperadamente solicitan al Capitán regresar
a tierra o piden un helicóptero por radio. Cualquiera de estas
solicitudes en las costas argentinas son imposibles. Imagínense
un barco con 20 pescadores volviendo a puerto por un descompuesto. Lo
más probable es que éste termine encerrado en la sala
de máquinas por la multitud exasperada por pescar. Pero la mayoría
de los casos termina en una simple aventura que quedará en el
anecdotario de los días de pesca pasados, pero solo para los
valientes que reconocen que en algún momento se marearon a bordo
de un buque. Los demás, los que nunca nos mareamos, estaremos
como los Pescadores Deportivos, seguramente exagerando sin reconocer
nuestra sensación de pánico a bordo después de
embarcar luego de un suculento desayuno con mucho café con leche.
Sugerencias
No consuma líquido antes de embarcar.
Cene liviano si embarca temprano.
No consuma bebidas alcohólicas o gaseosas.
Tome alguna medicación genérica como el reconocido Dramamine
(dos).
Y si continúa con los mareos pesque desde el muelle o cómprese
un equipo de caza submarina.
Recuerde que puede terminar encerrado en la sala de máquinas.
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