LA IDENTIDAD DE LA PESCA
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  DRAMAMINE Y OTRAS YERBAS


  ERNESTO FRANCHINO  El mareo es la desagradable sensación subjetiva de inestabilidad o desequilibrio, asociado casi siempre con náuseas e impresión de incapacidad física, sensación reconocida por aquellos que en un momento u otro la hemos padecido, ya sea en grandes barcos como en pequeños botes, durante algunas salidas de pesca. Se conocen dos tipos de mareo: El que nos ocupa, el fisiológico, y el patológico que es el vértigo. Sólo me referiré al fisiológico. El órgano responsable de la coordinación espacial del cuerpo es el oído, más específicamente el "caracol". Este sistema proporciona información relacionada con la orientación por la existencia de partículas en suspensión en el líquido de los otolitos. La información recogida por este sistema se integra con el visual a través del sistema nervioso central, y éste informa sobre la vertical del cuerpo en relación a las estructuras que están a la vista. Por lo tanto los puntos de anomalía pueden ser varios a saber: Vestibular, visual, integración de ambos, etc., que pueden provocarnos el mareo.

 

¿Qué nos pasa a bordo?
Todo lo bueno de una salida de pesca de embarcados se convierte en temible malestar para algunos humanos propensos a sufrir mareos y no se sabe desde cuando y por que esta característica se considera prueba de debilidad física "¿Cómo te vas a marear?" El mareo tiene etapas claras para la persona acostumbrada a navegar, a saber: La primera la marca la seriedad en la cara del mareado a medida que las olas balancean el bote, casi siempre después de fondeado. Se puede notar cuando uno le habla que pone como una exagerada atención a lo que el otro le dice. Lo que pasa es que el afectado está concentrado en lo que le está pasando, sobre todo en dos puntos: Su estómago y el horizonte que sube y baja junto con la borda. La primera pregunta que se hace el afectado, como buscando refugio interno a su propia descompensación es ¿No me iré a marear?
Ya que estoy voy a acomodar la caja con las cosas y a cortar un poco de carnada. Lo peor que puede hacer.




L
a cosa pasa más o menos así: El cerebro está captando un movimiento del piso (el del bote) y la vista está posada en un objeto fijo (la tabla de corte). En ese exacto momento el cerebro se tara. Me muevo pero lo que ven mis ojos está quieto. Es entonces cuando viene la descompostura. Y el bote se sigue moviendo pero ya con la cabeza del mareado acomodada fuera de la borda, por las dudas. Y después vienen las recriminaciones: ¿Qué tengo que estar haciendo yo aca? ¿Por qué no me quedé haciendo el asado en casa? Me hubiese ido a La Brava y estaría bárbaro. Es entonces cuando el mareado levanta la vista como para increpar al cielo por su mala decisión y es en ese momento que le pasa algo extraño. Siente como un alivio. ¿Pero por qué? Porque es entonces que el cerebro recupera su cordura espacial. El piso se mueve y el horizonte también. Ahí es cuando recuperamos la razón perdida.



P
ero la cosa a bordo es seria y la fuerza del mar va de 0 a 10 y es ahí cuando el hombre confiesa estar mareado (algo, no del todo) y es cuando algún experimentado o conocedor del tema le dice: "Acostate boca arriba, mirá el cielo y dejá que las bolitas del oído interno se acomoden" (las partículas en suspensión en el líquido de los otolitos). Para el acostado es como una clase de otorrinolaringología, pero parece que funciona. Esta es la etapa en la que la mayoría de los mareados se queda, aunque algunos terminan dados vuelta con sufrimientos atroces y descomposturas en las que les parece se van a morir. Pero nunca nadie se nos fue por un mareo.


E
stán los otros, los que desesperadamente solicitan al Capitán regresar a tierra o piden un helicóptero por radio. Cualquiera de estas solicitudes en las costas argentinas son imposibles. Imagínense un barco con 20 pescadores volviendo a puerto por un descompuesto. Lo más probable es que éste termine encerrado en la sala de máquinas por la multitud exasperada por pescar. Pero la mayoría de los casos termina en una simple aventura que quedará en el anecdotario de los días de pesca pasados, pero solo para los valientes que reconocen que en algún momento se marearon a bordo de un buque. Los demás, los que nunca nos mareamos, estaremos como los Pescadores Deportivos, seguramente exagerando sin reconocer nuestra sensación de pánico a bordo después de embarcar luego de un suculento desayuno con mucho café con leche.



Sugerencias

No consuma líquido antes de embarcar.
Cene liviano si embarca temprano.
No consuma bebidas alcohólicas o gaseosas.
Tome alguna medicación genérica como el reconocido Dramamine (dos).
Y si continúa con los mareos pesque desde el muelle o cómprese un equipo de caza submarina.
Recuerde que puede terminar encerrado en la sala de máquinas.





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