
Desde hace ya mucho tiempo que, desde algunos organismos oficiales, se busca reglamentar la actividad del "Guía" para que el servicio sea ofrecido por personal idóneo y capacitado con el respaldo de un registro oficial, pero hasta ahora no apareció nada. Si quiere lo podemos comparar con las empresas de excursiones que atienden viajes de egresados, pero como todavía en la pesca no pasó nada, gracias a Dios, nadie se preocupó. En una época se buscó encuadrar a los guías creando un registro de embarcaciones y patrones, más que nada por la seguridad en la pesca embarcada, pero hasta la fecha no hay nada definitivo, indluyendo a quien escribe quien le presentó a Daniel Gwergzing (en ese momento asesor de Pesca Deportiva de la Secretaría de Turismo de la Nación) un listado de 37 artículos que intentaban, definir, instaurar y reglamentar la figura y la actividad del "Guía Profesional de Pesca Deportiva". Quien sabe en donde duerme este aporte al proyecto que reclaman los sectores de la actividad, en la que la autoridad que nos representa debería controlar, permitiéndonos diferenciar con claridad entre "Guías de Pesca" idóneos e improvisados "Choferes de lancha".
Por
lo general en nuestro país, y sobre todo en nuestra provincia, se
contratan guías casi con exclusividad para la pesca en la modalidad
de embarcados, pero en muchos ámbitos el pescador ya se ésta
acostumbrando a salir, aún en salidas de costa, en la modalidad "pesca
guiada", profesión en constante crecimiento y donde factores
económicos y laborales hacen a la proliferación de la oferta
(junto a la demanda), tal vez en algunos casos hasta en demasía,
y en desmérito de aquellos idóneos y verdaderamente capacitados
que lo "llevan en la responsabilidad y en la sangre". El guía
debería poner al servicio del pescador que lo contrata equipos, embarcación
(vehículo si es pesca desde tierra), carnada, conocimientos y todo
lo complementario con la actividad para el buen desarrollo de la misma;
y debería concluir su servicio (precio aparte o no) con la limpieza
y el freezado del pescado que el pescador decida llevarse para consumo propio.
Pero no siempre es así, y quien lo sufre es siempre el pescador que
paga, que debería ser el único que tendría que tener
razón.
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Hasta se podía decir en esos años, que la Prefectura Naval
Argentina era uno de los "palos en la rueda", como vulgarmente
se dice, cuando para habilitar un semirrígido, para la pesca deportiva
en Mar del Plata, por ejemplo, se le exigía baño. Sí,
leyó bien: BAÑO. Pero hoy, esta institución
y su gente, que no se cansa de trabajar para y por los navegantes, ha modificado
reglamentos creando, ante el evidente "aggiornamiento" de las
necesidades de la vida real, la figura del Timonel Profesional de Yate de
Servicios Especiales, que
faculta a su poseedor a estar a cargo de embarcaciones destinadas a fines
de recreación, aprendizaje de artes marineras, guía de pesca,
turismo aventura, ecoturismo y/o actividades afines, figura inexistente
en las Reglamentaciones anteriores, lo que obligaba a funcionar ilegalmente
hasta a quienes querían estar en regla. Bien por la gente de PNA
que capacita timoneles con cursos y exámenes para hacer de ellos
personal responsable y con conocimiento de sus artes.
Pero no solo la pesca embarcada requiere de un guía. En un constante andar vemos servicios que prestan unos pocos guías en ambientes tan dispares como el Río de la Plata o el Paraná, el Dique Frontal de Río Hondo o los diques cordobeses, Bahía San Blas o el Samborombón, Sierra de la Ventana o lagunas como La Salada Grande entre otras, de embarcados o de costa, dependiendo del ambiente y de la especie. En todas partes hay quienes ofrecen servicios de guía, y que muchos sin siquiera saber que es eso se metieron por la crisis que los afecta, o porque el vecino trabaja poco y gana mucho sacando gente a pescar, y que por solo hecho de haber pescado o haber escuchado hablar de pesca, decidieron hacerse "guías profesionales" comprando una embarcación llevando a pescadores a sitios donde saben que a veces se pesca.
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Hace algún tiempo hablamos sobre el tema con gente del Ministerio
de Asuntos Agrarios de la Provincia de Buenos Aires y, durante de la charla,
algunos de los presentes relataron ciertas cosas que observaron en el trabajo
de algunos "guías". Sin entrar en detalles es fácil
suponer que hay ciertas diferencias entre un guía de pesca marítima
embarcada, uno de costa, uno de pesca de río y otro de laguna. Cada
uno de ellos debe conocer a la perfección el ámbito en el
que trabaja, que especies lo habitan durante cada época del año,
que posibilidad de pesca tiene cada una, cuales son las mejores condiciones,
los equipos más apropiados, etc. No todos los guías son concientes
que el éxito del pescador es el de ellos, y que solo eso les dará
fama y prestigio, y como consecuencia ganancias. Una de las personas con
las que hablamos, un reconocido profesional marplatense, nos contó
su experiencia con uno de los guías más publicitados en medios
gráficos "económicos" que trabaja en una de las
más importantes lagunas bonaerenses. Nos contó que ofrecía
un servicio que era incapaz de cumplir por cuatro motivos fundamentales:
1) Navegaba embarcaciones con motores de menor caballaje al sugerido
y sin mantenimiento.
2) Una vez llegado al lugar el "guía" pescaba junto
a sus clientes.
3) Uno de los timoneles era un chico menor de edad.
4) Cargaba hasta 7 pescadores por lancha donde exagerando podían
pescar bien 5 (cinco).
5)
Y se cansaba de cebar, actividad prohibida
en cualquier ámbito cerrado de la provincia.
Conclusión: Desconocía el Reglamento, lo que habla de
falta de idoneidad, además de tener una gran dosis de incompetencia,
y ni siquiera se daba cuenta que el cliente se molestaba cuando el improvisado
guía alardeaba de su pesca, además de haber una caña
más que no solo no pagó, sino que la estaban "bancando"
quienes habían pagado. Y ni hablar de las veces que solicitó
remolque por fallas mecánicas.
Yo comparo esto con una salida de caza en la que luego de rastrear la presa, encontrarla y enfocarla el disparo lo hace el guía. ¿Qué pasaría? Imagínese a un guía a su lado con una caña de pescar en la mano, en franca actitud amenazante, como pensando: "Este tipo no clava uno, yo le voy a mostrar". Y ni le cuento sobre algunos "avivados" que en Mar del Plata lo sacan a pescar y a la hora de volver a puerto le dicen que el pescado es de ellos. ¿Qué? ¿No le pasó nunca? Entonces aclare todo antes para que no le pase.
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Un
guía de pesca está para hacer conocer y cumplir los reglamentos
vigentes en el ámbito en el que trabaja (licencia, cupos, vedas,
etc.) para que su propia irresponsabilidad no ayude a destruirlo, ser responsable
solidario por los actos del pescador que guía, velar por el cuidado
del ambiente y de las especies que lo habitan, proveer lo pactado u ofrecido
(tipo de servicio, equipos, carnadas, transporte, etc.), relevar los mejores
lugares y brindarle a su cliente las mejores posibilidades y, de ahí
en más, convertirse en un guía de verdad. Debe tener claro
que es un proveedor de servicios que prepara carnadas, sugiere, ayuda, provee,
enseña y, lo que es más importante: NO pesca, salvo
que el cliente se lo solicite, sugiera o permita. Y en tal caso, lo correcto
sería que el pescado se lo llevara el cliente y no el guía,
como otro aporte de éste a su servicio. Muchos no se dan cuenta del
por qué de esa fea sensación al regreso de la excursión,
aunque ésta haya sido exitosa. ¿No le pasó nunca? Recuerde
estas líneas a la hora de contratar un guía, así podrá
exigir y comparar. Pero hágalo antes, porque si se arrepiente ya
es tarde. Y no sea de esos que se quejan pero vuelven, porque no hay peor
muerte que el suicidio.
Ernesto Franchino