
Cada fin de semana, casi sin excepción, un concurso organizado
por algún Club, Comisión o Subcomisión de Pesca de
alguna entidad del ramo, es casi obligatoriamente acompañado por
la presencia de un ictiólogo profesional que actúa como "garantía"
de que la pieza capturada y presentada es legítima.
Los
concursos, comenzando por la Fiesta de la Brótola en Octubre (el
primero de la agenda anual) hasta Semana Santa (su cierre) se incrementan
año tras año ante el éxito obtenido por los grandes
referentes del sector. Así es que casi no hay localidad costera sin
un mínimo de una fecha programada de un año para otro. La
oferta cada vez mayor impuso una lógica y esperada aparición
de nuevos eventos (de parte de aquellos tentados por las aparentes enormes
ganancias) y obligando a los ya existentes a aumentar consideradamente los
premios, los que en el concurso más importante y tradicional alcanza
la friolera de $ 300.000, suma nada despreciable si consideramos que se
reparte luego de solo 24 horas de pesca. De manera proporcional a estos
premios se ha incrementado la presencia de "pseudo pescadores deportivos"
que, de una u otra manera, intentan hacer algún tipo de engaño
para quedarse con sus premios. Debido a esto es que
se
debieron ampliar los Reglamentos incluyendo artículos y redacciones
legales que no dejan lugares en blanco o artículos sujetos a interpretaciones
distintas; aumentaron los controles con logísticas planeadas con
anterioridad, apoyada por fiscales competentes en permanente comunicación,
se apostan controles identificables y no identificables, y otros ítems,
entre los que se incluye un ictiólogo. Cada logística se planea
de acuerdo a la cantidad de gente que atrae el concurso, el largo de la
cancha, las horas de duración, si incluye o no horas nocturnas en
las que los controles se dificultan dando lugar a posibles "confusiones",
etc. Porque entendamos que no es lo mismo el concurso de Mar del Sud de
6 horas en 3.000 mts. de playa en los que todos y cada uno de los participantes
se ven, que las 24 Horas de la Corvina Negra en casi 40 kms. de playa, las
que encima incluyen unas 9 horas de pesca nocturna, en la que todos los
gatos son pardos y las precauciones se extreman. Y fue debido a la aparición
de estos personajes, y al ingenio aplicado para el engaño, que se
decidió incluir por reglamento la figura del ictiólogo, como
una herramienta más para transparentar la legitimidad de las piezas
clasificadas en la grilla premiada y así evitar posibles malos entendidos.
El ictiólogo es un profesional con conocimientos en la anatomía
de los peces, siendo otra pieza del equipo al igual que los lugares de inscripción,
controles, fiscales, pesaje y todos los involucrados para que el concurso
sea un éxito económico y humano, todos piezas de un engranaje
aceitado para garantizar su transparencia. En los concursos a la pieza de
mayor peso, la certificación del ictiólogo es un elemento
clave al momento de aceptar o descartar una pieza presentada, la que por
alguna causa puede ser descalificada, a pesar de llegar al control general
precintada y aceptada por el fiscal que la tomó. Como ejemplo hubo
una vez en la que una corvina fue descalificada porque en su tracto digestivo
tenía alimento inexistente en la zona de concurso.
El/la
ictiólogo/a evalúa la legitimidad de las piezas presentadas,
que a veces llegan boqueando lo que no hace dudar de su frescura. Para su
dictamen adopta técnicas usadas en la industria de la pesca, para
lo que existen dos formas: Una valoración sensorial y una instrumental.
El fundamento de estos métodos es que el pescado, una vez extraido
del agua y muerto, encara procesos de cambios químicos, físicos
y microbiológicos. La carga de PH (fácil de medir) produce
altas variaciones según la especie y el modo de resistencia y agotamiento
que alcanzó al momento de la lucha y captura. Así se observa
la flora microbiana en piel, branquias y tracto digestivo, que es también
muy variable en número y composición acorde al lugar de captura
y especie. Con la muerte del pez las bacterias comienzan un crecimiento
exponencial y su composición cambia. Pero todo esto lleva un tiempo
de determinación que supera el requerido por el concurso. Por eso
es que el profesional utiliza su propia valoración sensorial basada
en su esperiencia de campo. Cada captura que llega al control es inspeccionada
paso por paso. Primero se evalúan dureza, elasticidad, olor, color
de la piel y firmeza de las escamas; luego la claridad, posición
y forma de los ojos, color y olor de las branquias, elasticidad de las aletas
y algunos otros síntomas. Una vez superado este primer examen visual
se abre el pez y se evalúa olor, estado de los órganos sobre
todo los riñones), presencia y viscocidad de la sangre y el contenido
del aparato digestivo; para finalmente verificar la no presencia de objetos
extraños que puedan modificar su peso (como barro, arena, plomo,
etc.). La aparición del "rigor mortis" es otra variable
para determinar su frescura. Por
todo esto el rol del ictiólogo es fundamental para garantizar la
transparencia del concurso y la legitimidad de las piezas presentadas, y
sepa que este profesional está para defender su derecho a una competencia
justa y sin "malos entendidos".