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A la hora de escribir las ocho notas mensuales que me propuse confeccionar, y que cumplo a rajatabla hace 3 años, me asaltan ideas (algunas normales y otras no tanto) en busca de explicaciones a cuestiones de la vida cotidiana. Todo parece fácil a simple vista, pero si profundizamos empezamos a preguntarnos por que sus respuestas están tan lejos de ser simples como parecen. Y como lo nuestro es la pesca, una de esas ideas con preguntas guarda relación con el surgimiento de la pesca como actividad deportiva social.
La
pesca fue en sus primeros intentos (por lo menos para mí) una parte
de la caza, una cacería acuática desarrollada por los grupos
cazadores-recolectores. Y ahí es de donde surge la inevitable la
pregunta de por qué algunos grupos se dedicaron a la pesca y otros,
en las mismas geografías, condiciones sociales y culturales, no
lo hicieron. Hace tiempo llegó a mis manos el libro de Jared Diamond
"Armas, gérmenes y acero - La sociedad humana y sus destinos".
La obra me hizo ver diferencias entre cazadores-recolectores y agricultores.
Me convenció que el tránsito de un estadío al otro
no fue totalmente definido. Lo mismo pasó con el tránsito
del nomadismo a la sedentaría. Si es bien cierto que los nómadas
practicaban principalmente la caza y la recolección de vegetales
para subsistir, también se sabe que muchos grupos también
se dedicaban a la agricultura, regresando en tiempo y forma al sitio donde
estaban sus cultivos para cosecharlos.

Cuenta
la historia que el testimonio gráfico más antiguo que se
conoce, en el que aparece un pescador con caña data de mil años
atrás y se ubicó en el Antiguo Egipto (figura de arriba).
Sabemos que la ciudad dependía de las crecidas anuales del Nilo
(y de sus sequías) cuyas aguas fertilizaban la tierras de cultivo
de cereales. No hay dudas de que la pesca fuese una actividad desarrollada
para la nutrición de los habitantes de la región. Grecia
antigua, famosa por el pastoreo y sus cultivos de vid y trigo, también
tuvo en la pesca una de subsistencia, debido a que Grecia está
rodeada en un tercio de sus límites por agua, lo que los impulsó
a usarla para su alimentación. Platón y Aristóteles
ya mencionaban la pesca con caña, y Plutarco daba consejos sobre
la confección y el uso de "sedales" (nailons). Lo mismo
hizo Claudio Aelian (vivió en Roma, entre los años 170-235
DC) quien escribió sobre pescadores de truchas de Macedonia, que
usaban moscas artificiales o anzuelos con cebos emplumados. En el caso
de los países nórdicos de Escandinavia, la pesca fue una
necesidad imperiosa. Los largos períodos de congelamiento hacían
imposible un desarrollo agrícola sostenido todo año, no
quedándoles más alternativa que pescar en sus heladas aguas,
desarrollando al mismo tiempo una navegación capaz de llevarlos
a otras latitudes en busca de otros alimentos. La diferencia está
en que los griegos aprovecharon la oportunidad y a los escandinavos los
obligó la necesidad. Los habitantes de Japón se alimentan
básicamente de productos marinos, no sólo de peces, sino
también de especies vegetales que viven en sus aguas. Su naturaleza
isleña resulta ser una condición indispensable para que
esto fuese así.

De todo esto deduzco que en sus comienzos la pesca formó parte de la vida de los cazadores-recolectores; para luego, con la evolución natural, llegar a transformarse en uno de los medios de subsistencia natural adquirido de muchas comunidades sedentarias. A partir de entonces comenzó el perfeccionamiento de los procedimientos y el análisis y la implementación de diferentes modalidades de pesca. El crecimiento poblacional dejó de lado los simples hilos con anzuelo y las cañas (salvo raras excepciones), dejándoselos a aquellos que disfrutaran de la pesca de placer o deportiva, para abrir el paso a redes y atarrayas que masificaron las capturas en respuesta a la creciente necesidad de alimentos que pedía el mundo. El arte, como expresión del trabajo, hizo de la pesca uno de sus componentes. El quehacer de pescar con cañas o hilos puso en juego la sabiduría de quienes la practicaban, para quedar absolutamente demostrado que es una manifestación de la naturaleza humana, en la que entran en juego la destreza y la capacidad para intuir la presencia de peces y/o la mejor forma de capturarlos. Y hasta se involucraron estudios astronómicos, primeramente intuitivos, los que determinaban "a ciencia cierta" los mejores lugares y momentos para practicar la actividad. Las fases lunares, los movimientos de las mareas, la presión atmosférica y la temperatura del agua fueron y son hoy elementos que los pescadores tenemos permanentemente en cuenta, sobre todo como excusa ante pescas fallidas.
Así pasaron las cosas, y la pesca se convertió en un deporte o un pasatiempo, dependiendo de como se la mire. Aparecieron los concursos, los pescadores de caña (quienes en forma masiva disfrutaban de la actividad) las excursiones de pesca de a cientos y los "furtivos". Y mientras todo esto pasaba se dieron algunos momentos de excesos que pusieron (y ponen) en peligro la continuidad de algunas especies, que preocupa a muchos en el planeta por las consecuencias que traería un desequilibro ecológico en cualquier agua del mundo.

Y como no podía no faltar, la pesca llegó a la literatura. Muchos cuentos, relatos y novelas reflejan la vida de la gente en los ríos y en el mar que ven, sienten y piensan a través de su propia realidad. Por ejemplo Víctor Hugo con "Los trabajadores del mar" y Ernest Hemingway con una de sus obras "El viejo y el mar", y quien hizo de la pesca - entretenimiento una de sus ocupaciones diarias. Este es un apasionante relato que cuenta los momentos en que Santiago (El Viejo) lucha por capturar el acodiciado pez espada, en una pelea a muerte entablada entre dos contrincantes; pero destacando cierta solidaridad entre ambos que emulan por vencerse el uno al otro. Quizá en el transcurso de esa lucha se resuma cuanto hizo, y sigue haciendo, el género humano para sobrevivir.
Y les dejo unos renglones de José Martí, en los que el poeta interpreta la naturaleza de la pesca. "Pescar es combatir; es ver en la sombra; es conocer los misterios de la naturaleza; es adivinar los hábitos del enemigo oculto; es demostrar, en la pelea con el animal, que se es una bestia superior". Hemingway escribió "El viejo y el mar" varios años después de morir José Martí, pero su pensamiento coincide con la interpretación de la novela. Por todo esto creo que este conflicto formó parte de generaciones y grupos étnicos que, en diversas latitudes geográficas y épocas, asumieron a la pesca como una lucha entre especies.
