Una
almeja es un bivalvo que vive normalmente enterrado en arena poco pedregosa
de la zona intermareal. Las almejas se alimentan por filtración del
agua ingerida por un sifón que les permite vivir enterradas a 15
/ 30 cms. como para soportar las bajamares. Los sexos suelen estar separados
y la fecundación es externa. El huevo da lugar a una larva con forma
de trompo (trocófora) provista de una serie de cilios con los que
se desplaza. Luego desarrolla un nuevo estado larvario de aspecto similar
al adulto, la larva veligera, que se fija y crece hasta dar lugar al individuo
definitivo. Su crecimiento está en función de la temperatura,
salinidad y abundancia de alimento, soportando temperaturas entre los 5º
y los 30º C. además de soportar cambios de salinidad. Comprenden
múltiples especies como la Almeja Fina Europea con valvas de color
blancuzco, grisáceo o amarillento (muy apreciada por su carne). Es
frecuente en el Mediterráneo y el Mar del Norte donde se entierra
en la arena y asoma sus sifones en superficie. La rosada es muy apreciada
en Latinoamérica. La dura, cuya envoltura es gruesa, pesada y de
forma acorazonada, era llamada "quahog" por los indígenas.
Vive en aguas costeras del golfo de San Lorenzo hasta el de México.
Esta especie no se entierra de forma profunda y es posible recogerla rastrillando
el fondo en bajamar. En Brasil abunda la Amarilla (sernambi). Otras especies
conocidas en Uruguay son la Parda, y también en Brasil, la Purpúrea,
la Rayada (en Brasil "barbigao" y en Chile "Taca").
Las "taquillas", parecidas a esta última, se encuentran
desde Perú hasta el estrecho de Magallanes. Más al sur, en
el atlántico, se localiza la Almejita de Gay en la Patagonia argentina,
hasta las Malvinas. Y todas son un alimento apreciado por los peces. Ahora
veamos su situación actual:

Recuerdo cuando en la playa bastaba con hacer un pozo en la arena de
10 o 20 cms. y aparecían almejas. Los agujeros que dejaban al asomar
sus cuernos eran millones, a lo largo de kms. de playa y la gente las recolectaba
para consumo. A partir de 1995, cuando comenzó faltar, oÍmos
muchas explicaciones sobre su desaparición; entre otras, la depredación
comercial, el abuso de los turistas, la contaminación del Río
de la Plata, la falta de cloacas, los agro químicos, el peso de los
vehículos que transitan por las playas y el barrido del lecho marino
por las redes de los pesqueros, entre otros muchos motivos.

A lo largo de los años el recurso fue ignorado, sobre explotado, protegido parcial y totalmente. Llegó a ser el 2º molusco en importancia comercial, ahora en riesgo de extinción. La almeja amarilla es un claro ejemplo de los problemas de los recursos costeros con libre acceso. Es difícil conocer los porque, pero sí analizar los como, cuando y donde. No se sabe con exactitud qué ocasionó su desaparición de nuestras costas. La contaminación ambiental pudo haber sido la causa, pero tendría que haberse tratado de una contaminación atípica sobre una especie en particular y no sobre el resto de los moluscos ni la fauna en general. La almeja amarilla no solo desapareció de la costa argentina: Lo mismo sucedió en Brasil y el Uruguay. Y siempre queda la posibilidad de causas biológicas, como la infección por virus o bacterias.
En la primavera del 95 una mortandad masiva afectó a casi
todas las playas almejeras del país. El único banco no afectado
estaba en San Blas, y tenía poca superficie propia. Las causas se
desconocen, pero lo que parece seguro es que fueron naturales. El estado
de su población en las playas bonaerenses es crítico, sin
embargo está mejor que en los últimos años. Han aparecido
juveniles, que si logran crecer y reproducirse es posible que la situación
comience a revertirse. La actual población representa menos del 10%
de la existente antes del 95. "Resulta de crucial importancia la colaboración
de la población para impedir la extracción furtiva de almejas,
la remoción de arena y conchilla de la playa, así como la
circulación de vehículos por esa zona de la playa", señala
el doctor Jose Dadon, profesor de la Facultad de Ciencias Exactas y Natural
de la UBA.
La almeja amarilla constituyó uno de los recursos malacológicos
más importantes de Argentina. Se explotó comercialmente y
masivamente entre 1940 y 1958, año en que su sobre pesca causó
un colapso que obligó a decretar la veda total. A partir de ahí
solo se permitió la extracción turística. Pero, en
1995 se registró una mortandad masiva en toda la provincia, luego
de fenómenos similares en Brasil y Uruguay, y así se estableció
la VEDA TOTAL, por una resolución de la Dirección de Pesca
Provincial en 1996. Dadón, junto con un grupo de licenciados y estudiantes,
efectuaron campañas de recolección de datos 3 veces al año,
en primavera, verano y otoño. En invierno migra a la zona submareal,
donde permanece hasta la primavera.
El investigador comenta que, si bien la tasa de crecimiento observada
muestra un leve aumento, la estructura de la población es diferente
de la encontrada hasta 1995. Antes, las poblaciones estaban constituidas
por adultos de distintas edades, juveniles, y "reclutas" (juveniles
más pequeños), que tienen entre 1 y 2 mms. En cambio hoy la
población está formada por individuos de una misma edad y
tamaño, y no se observan diferentes edades en poblaciones simultáneas.
La densidad, tanto de los juveniles pequeños como de tallas comercial
(mayores a 60 mms.) es baja. La almeja alcanza los 4 centímetros
de diámetro al año de vida, y es cuando comienza a reproducirse.
Viven 8 años, con un tamaño máximo de 8 a 9 centímetros.
Se reproducen en primavera y otoño, época en que ponen millones
de huevos, que se desarrollan en larvas planctónicas.
Sería suficiente llevar una campaña sencilla y barata,
apelando al turista con folletos con recomendaciones mínimas, el
que podría repartirse en lugares claves como casas de pesca, estaciones
de peaje, etc.
El Dr. Gustavo Thompson, del Departamento de Ecología Genética
y Evolución, de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales publicó
un trabajo en el que indica que posiblemente estén sufriendo la contaminación
por metales pesados: http://www.lei.furg.br/atlantica/vol29/Numero2/atl6.pdf
Dr.
Gustavo Thompson. Departamento de Ecologia Genetica y Evolucion
Facultad de Ciencias Exacta y Naturales - Ciudad Universitaria -
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