Después de pescar en casi todo el país; después de compartir horas de café, picadas, asados o simplemente algunas que otras charlas con pescadores, y luego de comparar (aunque sea odioso) llegué a una conclusión: No existe en el país otro pesquero como la albufera de Mar Chiquita. Prueba de ello es que me compré un casco de deslizador y un motor fuera de borda de baja cilindrada (para moverme y disfrutarlo hasta tanto coloque el motor con la hélice) y afincarme en mis años más tranquilos, si se me permiten los términos, en este paraíso de la pesca deportiva, al que muchos desconocen o desacreditan, comparándola con tiempos mejores y más navegabilidad, pero sin lograr sostener sus argumentos por mucho más tiempo que el de un período de carencias como tiene cualquier ámbito. Indiscutiblemente un ambiente para no irse de este mundo sin pescarlo. Muchas cosas se podrían decir sobre este ambiente y su pesca en particular, y en general; pero la forma de descubrir algo es enfrentarlo, y esta es la mejor manera para conocer la albufera más famosa de la Argentina. La impresión cuando uno llega a Mar Chiquita por primera vez es la de un tiro de fusil en medio del pecho, el que después deja paso al sangrado del cerebro y del corazón. Porque si de verdad existiera el “mejor lugar de pesca del país” sin duda alguna éste estaría ternado y firme para recibir la estatuilla. Todas las pescas son localizadas. A nadie en su sano juicio se le ocurriría ir a pescar truchas a Corrientes o dorados a la Patagonia; pero la albufera tira por tierra estos conceptos preestablecidos que dicen que para pescar determinada especie hay que ir a tal o cual lugar.
Porque entre pejerreyes de agua dulce (Basalichthys bonariensis), escardones (Odonthestes argentinensis) y algún que otro corno perdido (Odonthestes smitti), en las aguas de la albufera yo capturé tarariras, bagres sapo, corvinas rubias y negras, lenguados, saracas, lisas y hasta gatuzos, muchas veces con resultados buenísimos en cantidad y en calidad, aunque para ello se deban dar ciertas y determinadas condiciones de clima y de agua, por supuesto. Incluso por allá por el 2004, cuando el coto de truchas Puerta del Abra de Balcarce cerró, se inundó, y rebalsaron sus “pools”; un pescador de esos que nunca faltan clavó una arco iris de casi 35 cms. de largo frente al muelle de San Gabriel, a unos 8000 metros de la boca con el mar. Por si faltaba algo. Y como personalmente creo que la pesca es una experiencia íntima, y en la mayoría de los casos subjetiva, nadie puede discutirme lo que siento. Y para mí Mar Chiquita es uno de los ambientes que más cosas me hizo sentir, y disfrutar. Porque afirmo lo que dijo una vez mi amigo Enrique Gómez en una de sus editoriales de Pesca Club: “Pescar es muchas veces ser feliz”. Y termino estas líneas aclarando que en promedio el lugar es fantástico, por lo que no me da ningún reparo recomendarlo, aunque la pesca sea como el vino, las mujeres o los autos: Una cuestión de gustos. Lo demás no tiene importancia.
PRIMER DIA
Embarcamos Carmelo, Marcelo, Walter y yo en el Recreo San Gabriel a las diez de la mañana, con el 2,2 hp en un casco de madera de 6 metros de eslora en el que cargamos dos sillones director, las cámaras (foto y video), agua potable, repelente de insectos, jamón, queso y pan para armar unos sándwiches, mucha fruta, una heladera portátil, un balde para capturas, un equipo de variada cada uno, uno de pejerrey, uno de lenguado, un litro de nafta de reserva (por las dudas) y enormes ilusiones de lograr una buena pesca. Pusimos proa con el agua "planchada" hacia el puente del CELPA y fondeamos antes de llegar a Punta Ondina (lugar destacado) y soltamos los engaños para los lenguados de la albufera. Carmelo “arrastraba” carnada natural y yo un “Tucán flex” blanco con pintas negras, el que me cansé de enganchar en los bochones que hay entre los pozos pero sin ningún pique. En cambio Carmelo clavó un lenguadito ideal para culminar el día gastronómicamente. Cuatro filetes aderezados con crema de limón, pimienta roja y eneldo acompañaron a la noche la cerveza. A los pocos minutos “pinchó” otro, pero el entusiasmo de la charla no lo dejó esperar que comiera, clavando en falso sacándole medio filete de pejerrey de la boca. Una vez pasado el entusiasmo de la pesca de “chatos” armamos las cañas livianas para intentar capturar algún pejerrey fresco para encarnar y algún otro para llevar y, tal vez, con suerte, alguna lisa, las que se veían en plena actividad aunque las capturas hasta el momento solo habían sido ocasionales y logradas por los verdaderos expertos en el tema. Pero el viento que se levantó y las condiciones de turbidez del agua jugaban en nuestra contra para la especie más difícil. Decidimos movernos aguas adentro llegando hasta la última goma viendo que nadie pescaba nada, y una vez fondeados y con las líneas de espera en los posacañas nos dedicamos a observar a los otros botes, los que no mostraban ninguna clase de actividad, por lo que con las pocas capturas obtenidas nos dimos por satisfechos, prometiendo volver.
DIA DOS
Con renovado entusiasmo, el jueves a la mañana nos juntamos, con Jorge Pacciuli y planeamos visitar Mar Chiquita, aún con luna estaba llena, horario de marea en contra y viento anunciado de 36 kms. con ráfagas de hasta 45 (cosa que se cumplió) las posibilidades en la albufera siempre son muchas. Arrancamos el viernes a las 8 sin Carmelo ni Walter ni Marcelo y llegamos a San Gabriel a las 8:45, y a las 9 ya estábamos navegando proa a Punta Ondina, en dirección a la boca. Las perspectivas no eran buenas dado que los informes que nos dio Daniel al llegar fueron lapidarios: “Casi nadie sacó nada, ni ayer ni hoy”, pero vieron como es esto de la pesca. Armamos dos cañas de pejerrey y una de lenguado, las que al llegar frente al chiquero salieron disparadas en todas direcciones. Jorge, quien probaba con el lenguado fue cansando el brazo con lances y recogidas de una caña de bait con un rotativo mediano cargado con nailon bueno del 0.33, lo que lo hizo desistir y cambiar por una telescópica de 3,60 metros armada con un “huevito” y una línea de dos boyas, que luego cambió por un excelente paternóster (algo largo para mi gusto en Mar Chiquita) pero muy pescador, por lo menos en sus manos. Carlos también armó un paternóster, pero mucho menos sofisticado, con una caña corta de spinning y un frontal mediano y yo armé una Shimano Convergence de 6 libras con un Tinny 20 cargado con monofilamento del 0.28 y una línea de dos boyas chupete con un puntero y brazoladas de 60 cms. con la que no tuve ningún pique. El viento del este se hacía sentir y al rato, sin más piques que los de unos pichones de negra que nos divertían mucho dado los tamaños de los equipos, decidimos movernos un poco más hacia el centro de la angostura. Pasaban muchos botes que salían de San Gabriel en dirección a la boca con la intención de trolear algunos “chatos” pero todos volvían sin nada. Alcanzamos a fondear luego de varios intentos fallidos y algunos garreos por causa del viento, en un lugar óptimo. La profundidad oscilaba el metro veinte y los piques de pejerrey se dieron bastante parejo, la mayoría de ellos medía entre los 30 y los 40 cms., un tamaño más que destacado para el ambiente. El primero en pinchar una flecha de plata fue Carlos, y la alegría fue medida para no entusiasmarnos demasiado, pero enseguida le siguió Jorge con otro, y Carlos repitió. Yo, pecando de precario pero intentando que María de los Angeles no se quedara atrás, le saqué el puntero a la línea de dos boyas chupete y le puse un plomito de 25 gramos, peso suficiente entre los bochones, y a los pocos minutos comenzaron a darse los piques, casi todos de portes destacados. Al mediodía nos hicimos un rato para matear y comer unos sándwiches de milanesa y alguna fruta y luego continuamos buscando solo pejerreyes, los que se daban mezclados con varios pichoncitos de corvina negra, que si bien no era lo que buscábamos, cada pique nos divertía bastante. También pensamos en las lisas, pero la
profundidad y el viento no eran adecuados en ese momento. A eso de las tres de la tarde decidimos movernos aguas adentro para intentar “pinchar” algún lenguado en el lugar que conocemos y tenemos marcado, pero el nivel de agua nos dio solo enganches, el viento nos hacía garrear mucho hasta lograr enganchar un bochón, y las lisas parecían torpedos pasándonos cerca, por lo que la determinación fue poner proa a San Gabriel, sobre todo después de ver que, aún contra los consejos de Daniel, varios botes quedaron casi sin agua y tuvieron que ser remolcados a pie hasta el embarcadero. La comodidad de la embarcación (un viejo y noble casco de madera de 6 mts. de eslora por 2 de manga) permitió que soportáramos el viento y la fuerza de la corriente que en Punta Ondina se siente; y así pasar un día de pesca del que nos acordaremos hasta que la renovemos o reemplacemos.


LO BUENO
El ambiente permite muchas pescas, por lo que si falla una siempre están las otras; aunque pueden fallar todas. El calor era casi insoportable, el cielo estaba semi nublado y el ambiente pesado, casi tormentoso, la altura de la marea no era la indicada pero permitía navegar, lo que daba buenas posibilidades.
LO MALO
Una luna llena grande como un rancho y en su peor momento. Lo demás era todo manejable (marea, temperatura, bochones, presión), pero la luna era inevitable.


EQUIPOS
Lenguados: Caña Shimano Convergence de 6-14 libras y OKUMA Contoura 203.
Lisas: Master line 400, telescópica de 4 metros y DAIWA 1000 frontal.
Variada: Caña de 3,60 acción 7 y ABU García 6500.
Pejerreyes: Caña Shimano Convergence de 6-14 libras y Tinny 20.


CARNADAS
Para el lenguado: Pejerrey fresco, entero de 12 centímetros de largo.
Para la lisa: Lombriz de mar y “pulpitos” de peceto, todo teñido de rojo.
Para la variada: Langostinos, magrú fresco y anchoitas (lo único que rindió fue el langostino).
Para el pejerrey: Camarón y mojarra viva. La mojarra rinde más adentro, donde el agua es menos salada.
SUGERENCIAS
Debemos informarnos
sobre el horario de
mareas y decidir para
que lado vamos a remar
consultando donde está
el pique. OJO si navega. Hágalo
a remo o solo con motores
de muy baja cilindrada
con la pata suelta (si
está equipado
con protección
para la hélice
mejor) y esquivando
las formaciones duras.
Ojo con los motores
con hélices de
plástico, al
menor roce con un bochón
la rompe. Tenga en cuenta
que con marea baja se
ven pero con la alta
no.


CARACTERISTICAS
Este ámbito es
único en su tipo
en Argentina. Su profundidad
promedio es de un
metro y su peligrosidad
en caso de caer al agua
se limita a una hipotermia en invierno o a una mojadura en verano.
Circulan por ella cantidad
de especies. Las posibilidades
de capturar bagres sapo
y lenguados en el mismo
lugar el mismo día
es una condición
irrepetible en ninguna
otra parte, y encima
tiene el pejerrey más
luchador de la provincia.
Acá se
pescan pejerreyes "bonaerensis",
lisas, corvinas rubias
y negras, lenguados,
tarariras, escardones
y hasta algún
corno o algún gatuzo perdido. Tiene
arroyos y canales que
desembocan en sus costas,
entra de agua de mar
y las mareas modifican
cíclicamente
la vida íctica.
Un lujo al alcance de
todos desde el Recreo San Gabriel.
RECREO
SAN GABRIEL
Es
lo mejor del ámbito.
Tiene dos muelles, uno
de embarque y otro de
pesca. Está cerca
de Punta Ondina, Punta
Pejerrey y la boca del
Sotelo, 3 pesqueros
fantásticos.
Alquila buenos botes
(chicos y grandes),
remolca, tiene camping,
baños limpios,
piletas para limpiar pescado,
fogones, algo de reparo
con algo de sombra y
pesca de costa de todas
las especies que habitan
la albufera. Y cuando
está baja frente
a San Gabriel está
el canal de entrada
por lo que es difícil que se quede sin agua.
AGRADECEMOS A
Recreo San Gabriel: Por la bajada, el asesoramiento y la amabilidad.
Pescadería Victoria: Por las carnadas.
Dante Violi: Por la puesta a punto del motor.